viernes, 7 de diciembre de 2007

COMO AL PASAR - Buenos Aires mía y querida



Estoy viniendo por la calle San Juan desde la avenida Jujuy, haciendo tiempo, en tanto susurro un popurrí... “hace veinte años que digo hace veinte años que tengo veinte años...”, “te doy una canción con mis dos manos” y esquivando baldosas flojas… “dónde estará mi arrabal, veredas que yo pisé”… (el Nano, Silvio, Cátulo Castillo todos juntos), para encontrarme con mi hija en un “shopping”. ¡En un “shoping”! ¡justo con lo que me gustan! y a mi alrededor sólo “sale”, “gelatería”, “closed”. ¿Qué pasa con mi Buenos Aires? ¿Qué es, una mezcla de “yes, Modugño y España Cañí? Parece mentira, que tanto odiar los shopping y aquí estoy frente a la empleada que me dice qué voy a llevar. Dudo. Sola, sin ganas, me decido por lo más simple, mientras, un carboncito bien negro, sombrío, me mira desde abajo y me pide una moneda. Le doy un peso. ¿Qué me alcanza?, me pregunta suavecito. Es cierto. ¡Es tan poco para comprar! Tomo cuenta de su hambre, su deseo. Trato de no hundirme en sus ojos, (tengo vergüenza). ¿No querés una cajita feliz? No preciso bien, pero me parece ver destellos en sus impenetrables ojazos, porque son ojazos. La pido y elige el chiche con timidez acompañada de sorpresa. No creo ser el único ejemplar humano que le da una moneda a un chico de la calle. Cuando lo acompaño a la mesa y le llevo la bandeja veo en ese fulgor oscuro, los mil ojazos de nuestros niños, los niños de nuestro país, todos igualitos a los de él. Ésos, salidos de un Shurjin.
Voy a otra mesa, así tiene libertad. Grave error. Olvido que a los chicos de la calle los echan. Mas lo hago. Estoy aquí, a pasos de él, con sus pelitos cortos rasgados a cuchillo; las mejillas paspadas, arreboladas. Trato que no descubra mi mirada. No quiero inquietarlo…Se me va pasando la vergüenza. No la angustia. Ésta no se me irá nunca. Siempre encuentro un carboncito que me la provoca y se une a otras que ya tengo impresas en mis ojos... Se va. Pájaros me revolotean, gorriones o golondrinas. Me quedo como en babia. No sé si me alcanzará el dinero para volver a casa si no viene mi hija...ya me arreglaré...
Una joven mujer con una beba, también con chispas por ojos, me indica un montoncito de carne detrás del cesto de residuos; me dice, ahí está la que le compró la cajita feliz, está muy contenta. Descubro la cabecita cortada a cuchillo. Trato de disimular mi sorpresa (no era un varoncito).
- ¿Cómo se llama?
- Georgina.
- ¡Que lindo cabello negro! alcanzo a decir, ¡es hermosa! ¿y la beba? (la que llevaba en brazos).
- Wendy.
Wendy, un rollo negro, negro con ascuas por faroles. Georgina….Wendy… de latino, nada. ¡Son tan hermosas, tan inocentes!
Pregunto a una empleada por el baño y la mamá de los carboncitos, atenta, me indica el lugar y entramos juntas las dos al mismo tiempo nos cedemos la primacía por pasar.
Sentada nuevamente a la mesita del Mac Donald me dispongo a escribir y aparece él, grande, canoso, prolijo, medio encorvado, medias bordó, zapatos marrones bien lustrosos.
Se acomoda enfrente y me susurra desde otra mesa que son muchas horas que lleva desocupado. Así, sin más, - Mañana voy al doctor.
- ¿No se siente bien?
Con las manos hace más o menos y se enfrasca en la revista del shopping con lentitud parsimoniosa como si fuera El Quijote. Gacha la cabeza, triste la mirada.
¿No llega nunca mi hija? Presiento que ese día no va a terminar así. Exactamente, no erré. Acaba distinto a lo imaginado.
Mi lector del Quijote, Florencia y yo, liquidamos la noche comiendo un sándwich en el shopping, con un vaso de Coca Cola, disfrutando un helado en “Saverio”, al ladito nomás, tarareando “Malena”, mi tango preferido.
Y bue… así es mi ciudad, será por eso que la quiero tanto.




2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Un tal cual las escenas. Y un alivio terminar oyendo Malena!!!! Me encantó. Un abrazo Merci

Maria Rosa dijo...

Que historias parecidas hemos vividos
las dos!!!!,¿Será por los años que tenemos, porque queremos al otro tal cual es?
LA MISERIA NÚNCA VA A TERMINAR, MIENTRAS UNOS OJITOS NEGROS NOS MIREN DEL OTRO LADO.
UN ABRAZO
MARÍA ROSA