martes, 4 de septiembre de 2007

FRENTE A FRENTE


No sabía si estaba muerto o desmayado. En medio del silencio de pronto retumbó una música que no pudo reconocer y por sobre ella la voz decía, está bien, se recupera y otra voz, como un pito, ya vas a hablar hijo de puta. ¿Soñaba? ¿Estaba despierto? El dolor inmenso le demostró que no soñaba. El de la primera voz, le pareció tenía un saco azul, al otro no lo veía. ¿Habría alguien más? No lo precisaba. Sintió el raspar del cuerpo contra el piso cuando lo arrastraron ahí quedó indeterminadamente. Y le pareció que era otro día y otro y otro en que se sucedían las mismas cosas, el dolor ya aguantable en los testículos y en las encías, porque no sentía nada más. Que no sentía nada. Su cuerpo no era de él. ¿De quiénes era su osamenta? Un día se hizo silencio en su cucha y sólo supo tratar de olvidar el dolor. Luego mucho frío, después calor, semidesnudo, sucio, lastimado, empujado, arrastrado, obligado a caminar. Y ahí quedó. Creyó subir y bajar de un coche. Creyó.
¡Pasaron tantos años José! ¿Sólo desde cuándo? Perdiste la cuenta, José. Hoy bajás del tercer piso y lo ves. El del traje azul. Está ahí. Frente a vos. Los dos solos en el ascensor. Se miran los dos. Él esquiva la mirada. Vos le clavás bien los ojos. Ponés tus dos manos en su cuello y apretás, apretás. Salís a la calle silbando y respirando muy hondo.

1 comentario:

Mercedes Sáenz dijo...

Bien puestas las manos al cuello. Parece que varias se cerraran sobre él. Es que en pocas líneas tan claramente contás una realidad siniestra que despierta más de un sentimiento. Bravo Sonia!!!! Mil cariños. Merci