domingo, 16 de septiembre de 2007

RENÉ
Baja, rulitos negros muy negros en una cara blanca rubicunda. René. Lloraba acurrucada en medio del gentío que iba y venía, abrazada a sus rodillas. Mutter…mutter…tátele. Sus cinco añitos no comprendían por qué mutty no estaba a su lado. ¿Qué hacían esos hombres empujando a Rosita y por qué le pegaban tanto a Gory. Pobre Gori. Dos brazos enérgicos la levantaron del suelo y en vuelo mágico se encontró con unas manos suaves, con una señora de vestido largo y un manto en su cabeza que le sonreía hablándole con palabras que no entendía mientras le lavaba con suavidad el cuerpo, los cabellos, en una tina con agua muy tibia, que calentó su cuerpo aterido de frío y miedo. En tanto la acariciaba, secaba sus lágrimas de niña asustada.Arrebujada en una frazada tomó un vaso de leche. Con sus ojitos temerosos aún vio que en el cuarto habían otras personas y a pesar del susto y el recelo, se quedó dormida. Para René, los días que se sucedieron en esa casa que era un convento de monjas y ella ignoraba fueron de tristeza y el intento de alegrarse con los juegos de otros niños que allí estaban, refugiados como ella. Pasó el tiempo esperando que sus padres vinieran por ella .La señoras de la casa, cada tanto la animaban con la promesa de que pronto volvería a verlos. Bien sabían las monjas que las garras de la Gestapo eran muy largas, que fagocitaban a los judíos y no se los volvía a ver. Hasta el día feliz en que el contacto que operaba con ellas le habló de una pista en Argentina y que sería muy posible que los Brunn estuvieran allí. Y fue así. René fue en barco en el año 50 a Buenos Aires, poco antes que los camicia negra se instalaran en Villa General Belgrano, en la provincia de Córdoba, en Argentina. René llegó y fue un encuentro doblemente inolvidable. Ya los papás alquilaban un departamento en la calle Potosí, en el barrio de Villa Crespo. Hizo la escuela primaria, tratando de aprender el nuevo idioma, pasó por el secundario y luego por la Universidad. Entró al Hospital Fernández, como practicante, siendo ya una linda mujercita. Alta, elegante, bondadosa, siempre con la tristeza en sus ojos, esa tristeza de los refugiados, pero la vida le preparaba el enamorarse de otro practicante, con el que se comprometió en dos meses y se casó a los seis. Malo todo.
El divorcio fue tan rápido como había sido el enlace. Su vida hizo un giro de 180 grados después de su divorcio. Encontró la verdadera felicidad con otro hombre y esta unión le dio la revancha que la vida le debía. Hoy vive recordando su infancia, la vida amorosa con sus padres y el encuentro con el hombre que la hizo feliz, pero hoy no está.
Cabe decir que René, se enteró hace muy poco tiempo, hoy que los años han pasado pero nada queda en el olvido, que la persona que la trajo a Buenos Aires era un agente de la GESTAPO arrepentido. René hoy es abuela.

1 comentario:

Mercedes Sáenz dijo...

Extrordinario, Sonia, extraordinario. Un placer. Un gracias enorme de tus lectores. Un cariño más grande todavía. Merci