domingo, 19 de abril de 2009

EL PORTÓN








La realidad la traicionaba. Sus ensueños siempre.
Pasaba las tardes viéndolas decrecer con pausa y sometidas a la sombras que se adueñaban de ella, argumentaba cotidianamente con la posibilidad constante. No más que posibilidad. Acuciante.
Las tardes terminaban, e indefectiblemente sobrevenía la noche y “había que entrar”. ¡Cómo iba a escapar! Estaba el portón infranqueable, los Pedros, las verjas.
La tarde en que al acecho del punto exacto del cruce con la profunda sombra, intentó.
Se quitó las zapatillas. Con los pies lastimados, frágiles, desnudos, corrió por el césped. En un abrir y cerrar de ojos acometió contra el portón. Sólo faltaba treparlo. Lo tenía estudiado.
Ya estaba, un poco más, se decía, un poco más.
Los perros rasgaron con sus filos la piel indefensa hasta el despellejo. Tironeó fuerte. Se desasió y ya arriba, desde lo alto, saltó.
Agachada, escondida entre las matas, oyó cómo la buscaban con los perros. ¡Ésas voces marciales!
Corrió, voló, no tenía cuerpo, no tenía alma, no tenía dolor.
¿Adónde voy? ¡Qué lejos! ¿Dónde estoy?
Un jardín cuidado, una puerta con campanitas ¿Navidad?
Debió tener un aspecto desastroso, venida de ultratumba…y…sí, venía de ahí…
Pares de ojos la impactaron. Silencio.
Una mano tomó la suya.
- Delia ¡ estás viva!

2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Sonia! Muy bueno este relato, muy bien escrito. Pone el corazón en la mano. Felicitaciones! Un fuerte abrazo. Merci

Maria Rosa dijo...

LA TAN ANSIADA LIBERTAD!!!!
BUENÍSIMO
UN ABRAZO
María Rosa