lunes, 20 de abril de 2009

PREGUNTAS MOLESTAS









En la pared blanca tan nívea, tan blanca, el cuadro se enseñoreaba. Diríase que comandaba el espacio. Los demás desaparecían.
El rojo fulgurante surgía de la tela que el verde pistacho no lograba aplacar y en medio de ellos el naranja de los naranjales en su mayor esplendor, iluminaba hasta la ceguera.
Debajo, las iniciales M.G. desaparecían en el fondo negro y al costado, en la pared, el título, Invasión.
Ella, absorta, no desviaba su mirada en tanto desde un ángulo de la sala el hombre no dejaba de observar las dos obras de arte, la belleza de la mujer y la pintura. Su postura contra la pared, exultante.
Todas las mañanas se repetía la escena. La bella mujer en admiración por el cuadro y el hombre en expectación constante.
Hasta la mañana en que ella no fue a la galería y el hombre empezó a indagar.
La primera vez me encaró, a mí, ¡que soy el encargado de las salas 1 y 2!, desviando su mirada recelosa e inquiriendo por los horarios de la galería.
La segunda mañana, soleada, se interesó por varias obras.
Al día siguiente hablamos de Invasión. Quiso saber si estaba a la venta y cuánto costaba.
Me molestó su pregunta porque nunca me gustó, jamás, hablar de precios. Estas obras no tienen precio. Son obras maestras.. .y menos las de mis salas.
Ayer lo maté. El maldito había encontrado en el sótano el cadáver de la mujer.
No sé por qué M.G. tuvo que bajar al sótano.

2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Cuánta historia en este relato Sonia en que la fuerza de los colores y la imágen lo atropellan todo felizmente para el que lee! Un abrazo. Merci

Maria Rosa dijo...

Muy bueno Sonia. Sorprendente desenlace, me encantó!!!
besotes
María Rosa