sábado, 11 de agosto de 2007



...UNA CORBATA ROJA
El Centro Comercial había quedado en penumbra...el personal se retiraba presto. Y ella hizo lo mismo. Camino a la calle, una mujer sesentona, peinada como una Madonna la saludó como si ya la conociera. Flor visitaba por primera vez el Centro, estaba algo mareada por el gentío y por qué no por el balón de cerveza con maníes que le había alegrado el cuerpo y el alma.
La “Madonna” insistió con sus isas y se presentó. Por tesía pura, Flor hizo lo mismo. De cualquier manera, se dijo, la señora era muy amable, además la convidó con un caramelo de menta,”para entirse fresca ¿no?”.
No supo en qué momento, ni cómo, sin mediar una palabra estaban las dos en un taxi.
Tampoco supo cuándo, acostada, amordazada, maniatada, sólo vio muy cerca de sus ojos, otros ojos y una corbata roja... Entonces cerró sus ojos.

UNA RONCA VOZ
EL Centro Comercial había quedado en penumbra. Nunca le gustó la oscuridad. Cuando organizó el viaje, único, después de tanto tiempo, pensó hacerlo por ultramar. Se lo debía en sus noches insomnes, las del miedo, la oscuridad, el silencio, la soledad, los recuerdos de la infancia cercana, las vejaciones. Al salir del infierno aquél ( todavía no sabe por qué), ruleta rusa para uno sólo, su Nacho que también sobrevivió, la incitó, la convenció para que buscara lejanía, olvido y calor. Le insistió y allá fue.
Subió por las escaleras hacia la habitación luminosa que ocupaba en el hotel, justo sobre el Centro Comercial, sola. En el segundo piso lo cruzó. No le vio la cara. Una voz ronca dijo - buenas noches El sudor frío corrió por su cuerpo. Sintió dolor en el vientre, en las entrañas. No había olvidado esa voz. ¡Basta! gritó. ¡Por favor! Se desmayó. Jamás despertó.

1 comentario:

Mercedes Sáenz dijo...

Dar miedo va a dar ir a los centros comerciales. En pocas líneas dos historias. No sé si es porque están juntas pero me sale imaginarlas una. Me gustaron mucho Sonia! Un abrazo fuerte. Merci