viernes, 3 de octubre de 2008

INTERROGANTE







¿Dónde se acomoda sino en ese sillón del rincón que no se vean los ojos gastados marrones, marrones nada? Nada como supo ser su pelo castaño nada hasta llegar a un rubio dorado para que las canas no mostraran los estragos de los años?
¿Él entenderá?
¿En qué iba arefugiarse sino en ese negro brillo abetunado, al que no divisaba en las noches negras sus ojos renegridos?
Él entendía. Si no, en la loca soledad, soledad de soledades de vacíos, de caricias lejanas ya. no subsistiría. Pero está.
¿Para qué recordar, le decía, si las heridas duelenn, se clavan, anidan, destrozan en lucha despareja su cuerpo de niña envejecida.
Estaba segura que la entendía. Entrecerró los ojos y le dijo suavemente, sí, cierro mis ojos, acaricio tu lomo complaciente, confundo tu sumisa mirada con la mía en el vacío del túnel de sombras que me llama y es mejor que enfile con mi robe, mortaja a punto de cambiar de mano, los escarpines que ya piden basta y a tu lado me deslice hacia el espejo con su mentirosa visión de mi antigua esbeltez, me acueste en la cama para llorar como siempre y amanezcamos yo en mi cama y vos a mis pies.
Y Moro entendió.

2 comentarios:

mercedes sáenz dijo...

Estoy absolutamente segura que Moro entendió ese doble mensaje tan bien hecho.! Un abrazo. Merci

Sonia Cautiva dijo...

¿Ay Merci!
¡Tan poco tiempo y cuánto nos vamos conociendo!
Gracias porlerme
Un abrazo
Sonia