jueves, 20 de noviembre de 2008

Basado en un poema al que le puse "Un minuto"

Debajo de la gorra con visera que le impide mirar y ser mirado, le asoma por detrás un mechón de pelo entrecano. Acodado sobre la mesa, los dedos tamborilean en compás desacompasado. Los ojos achicados hacia la distancia, discurre. ¿Qué es vivir? ¿Vivir será haber descubierto el mundo que me rodea? ¿Otear con amplitud el universo? ¿Estar? ¿Ser? ¿Haber dejado en cada beso un pedazo de este cuerpo? ¡O aquel rubor del alma encandilada!. Vivir, ¿será haber amado, serlo y dejar la vida misma?.
Toma un trago del vaso servido y plasma un instante, aquél, en que ella montaba un caballo, ahora sin color. Enfrentaba al viento con su pelo ardiente y sus labios pálidos. No distingue si viste de negro, verde o gris. Es el fantasma que transita eternamente la tenebrosa inmensidad que lo deslumbra. Se distancia, va lejos, vuelve, lo acomete, lo espanta. Le asusta. Siempre dura un lapso, no lleva en cuenta cuánto. Quizá sólo un minuto.


Esa noche es de insomnio y se le ha hecho costumbre. Episodio que se repite un día, otro y más. El ya casi viejo no sabe si quiere huir del esfuerzo por revivir lo vivido, del recuerdo del bien tenido. Escapar de ese espectro que lo alucina, que el presente le regala como un don y desea, siente, teme no haber sostenido lo que logró conseguir. La noche de hoy se hace larga. ¡Vida injusta! ¡Vida!, repite Sólo evocar su risa critalina le hace posible la supervivencia. Ese sobrevivir en espacios de soledad, mutismos sin ecos, ausencia de voces, momentos perdidos en absurdas mañanas y tardes oscurecidas.
El vino no da permiso ni tregua, ¡oh Baco! te estás adueñando de mí. Y el sol no consigue dar luz que entibie mi cuerpo dolorido, el aire no incita al respiro manso. Solamente impone una sucesión de extensos suspiros, devienen tiempos de reminiscencias dolientes y quejas tardías en vano.

Hoy, otra tarde acompañado con el tinto, retornan las preguntas ¿Y cómo es que las hojas se amarillean, caen caducas y el vigor por reverdecer las crece, se agigantan y a sus ojos duelen y él no pudo? ¿Y cómo fue que dejó que el tiempo escapara de entre esos cabellos y se escurrieran entre sus dedos igual que el agua entre las piedras?
¿Y cómo es volverse joven, descansar en su mirada fuerte, límpida, bondadosa?

¿Y cómo es que la felicidad ha vuelto, no importa hasta cuándo y se sumerja en ella con los ojos cerrados, su boca entregada a sus labios hasta enrojecerlos y los brazos apretándola para no perderla más?

2 comentarios:

mercedes sáenz dijo...

Querida Nené, definitivamente hay una nueva forma, al menos en estos dos últimos textos, más elaborados, más complices, con un ritmo muy bueno. Me encantó. Un abrazo enorme. Merci

Maria Rosa dijo...

Que lindo decir de las cosas que tienes!!!!, me encantaron.
Un abrazote
maría Rosa