jueves, 20 de noviembre de 2008

CISNE

El Universo envolvía su cuello alabastrino, cual cisne y ella, doncella de las aguas dejaba su estela iridiscente. Desde el fondo del salón, detrás de la columna veía su piel de seda, mansa, delicada, la gracia plena en sus pechos hirientes en el torso de infinitud extrema que llevaba inevitable a lineales piernas perfectas.
¿A quién le recordaba? Ella toda dejaba al pasar aromas invasores de alhucemas. Le acometió un lejano viejo deseo, en una era inalcanzable. No encontraba el punto de unión.
¿Dónde vas cisne de oro? ¿Dónde te empujan tus tiempos? ¿Dónde las ninfas guardan sus secretos?
Llegado casi al final del camino, otrora potencial de alas anchas sin haber volado nunca, hoy contenía a un cuerpo débil y cansado. Algunas ramas aún lo sostenían, verdes, frescas, con pequeños brotes que lo acariciaban. ¿Soñaba?
Salió al jardín y con un viento disparatado se esfumaron la tibieza, la palabra y los besos del recuerdo que esta vez le susurró al oído: Fue inútil conseguir su permanencia, viejo muchacho.
Alrededor, el mundo desde la oscuridad opaca esparcía cenizas empecinadas, el día era noche, la oscuridad lo colmó de más recuerdos y estallaron en su corazón cuadriculado en cuadrículas de círculos perfectos. Círculos. Crueles carceleros de un sin fin de angustias y tristezas,
Su corazón circular cuadriculado completó la ecuación perfectamente. Le fue inútil alcanzar la permanencia.
Sólo un sueño banal

1 comentario:

mercedes sáenz dijo...

Texto bellísimo hermana!!!! Me encantó. Te abraza, Merci