miércoles, 26 de noviembre de 2008

DEJAR DE LLORAR

La noche se avecina
Llora.
Y llora por la soledad de pena oscura, penetrante, adherida.
Llora.
Porque aún sueña maravillas esperadas como dones, pretensiones infantiles. Sueños. Solamente sueños.
La noche le trae suspenso, suspenso febril. Cree ardorosamente. Un mañana llegará,
Con él las ganas de empezar... empezar es buen comienzo …volver a creer…creer increíble y necesariamente, corporizar lo vivido, proyectar ilusiones, historias, historias ya vividas, ya lloradas, ya reídas y así entender, así dejar de llorar.
El viento golpea, los vidrios. Parece desplomarse el mundo entero, los árboles se empujan al compás... burlón, enloquecido, aquí, allá abajo, abajo, cada vez más abajo, hasta casi el suelo tocar. Ya comienza el goteo, una chica, otras más grandes. Se ha instalado el aguacero.
Tormenta de viento y aguas, las gotas, perlas brillantes, imprevisto desenlace. Junto a la ventana, manto de lágrimas cristalinas, espera.
Espera
Aprieta sus manos morenas escondidas siempre por morenas. Vigila el reloj que las horas no da mientras las cenizas del volcán de su boca llena todo un cenicero.
No llega. Interminable es la espera.
Pierde su acostumbrada templanza, su inagotable, férrea paciencia, su permanente control.
Cae la noche, con ella, la locura la atrapa esta vez, con sollozos, con gritos.
¿Dónde quedaste que ni el viento te ha traído?
¿Qué impide tu llegada, amor mío?
Espera.
Como ha esperado siempre todas las noches de todos los años a ese espectro imaginario que nunca conoció.

1 comentario:

mercedes sáenz dijo...

Querida Sonia. Más fuerte se hizo tu relato con el final. Es el llanto sobre el llanto. A mi me hizo lagrimear un poco, es muy lindo. Un abrazo, hermana. Merci