domingo, 30 de noviembre de 2008

EL DAMIÁN


El frío cala mis huesos, estos huesos que soportaron mucho más frío y más lluvia.
En el puesto, de poco cobijo, nunca tuve pa ponerle vidrio a los huecos. Trato de avivar el brasero, me caliente un poco y en medio del humo oscuro, la leña verde, no puedo prender ni una brasa ( serán mis manos torpes). Me pregunto por qué se fueron todos uno a uno.
Los dos viejos se escabulleron no sé pa dónde sin que me diera cuenta. Algunos me contaron que los llevó una tormenta, otros que me dejaron porque no podían darme de comer y me quedé, yo era chico, la verdá no la sé, y me dejaron con, la Eulalia patas flacas de 6 años, el Rodo , ese panzón que a gatas le llenaba el buche y el Mingo, tan chiquito, que no me dejaba dormir nunca. Y yo tenía que ir a trabajar, y éstos que no entendían que como yo era chico me pagaban monedas. ¡Claro que no me alcanzaba para la panza del Mingo!
Después me acorralé con la Dominga, linda, fuerte, buena. Sabía hacer de todo, el pan, ordeñar la vaca que yo no podía, dominaba a los animales del patrón y a mí que era tan retobado.
Hasta que la Dominga también se fue y debe haber sido por mi tozudez. Yo nací rebelde, dicen las malas lenguas del almacén.
La Dominga me dejó al Panchito y desapareció con el Pedro, y claro, el Pedro venía y la apalabraba cuando yo estaba en la manga con los dotores y los animales. Me dejó al Panchito y a los otros, que se fueron yendo de a poco.
Un día de lluvia, le conté al dotorcito de los lentes mi caso con la Dominga, él me llevó pa´ dentro de las casas, me ofreció un mate y ahí nomás se largó – a mí también, Damián, me dejó Marilín. Es linda como el sol de la playa cuando corre el aire fresco. ¿Conocés la playa, gringo? Mi cara le dijo la respuesta y la suya era cara de nada y siguió, no sabés lo que lloré porque la conocía de cuando estudiábamos y la quería más que a mi vida. Yo no tengo viejos, gringo.

Un día, como hoy, de tormenta, de los que te enfrían el corazón, tuve doble frío. Me dijo que yo no le importaba más. Y ese corazón mío se estrujó como un trapo viejo. Lloré, lloré como nunca.
Pero yo estoy peor que vos, viejo, no tengo un chico como el Pancho y vaya a saber si lo voy a tener algún día, a no ser que te lo robe.
Cuando la muñequita me dejó, me pareció que había perdido hasta la hombría. No había podido conservarla.
- Estamos a mano, gringo, mejor dicho vos estás mejor que yo.
Y se fue pa´ dentro y me pareció que se le nublaban los ojos.


¿Así que los dotores, los ricos, los otros, también sufren de amor? Yo creía que sólo nosotros, los que estamos en medio del campo sin luz ni agua pa’l mate éramos los que sufríamos todo.
Mañana me llego a la manga aunque no haiga trabajo y le voy a llevar al Pancho y le pido que le cuente algo de la facultá. Así el gurí no se me aburre tanto.
Pucha, pobre dotorcito, es igual que yo.

3 comentarios:

Maria Rosa dijo...

QUE LINDO ¡COMO ME GUSTÓ! LA MANERA DE HABLARLO, TODO LO VI COMO EN UN VIDEO DE TAN BIEN ESCRITO.
UN ABRAZO MUY FUERTE
MARÍA ROSA

Sonia Cautiva dijo...

Gracias María Rosa. Siempre tan exquisita y puntual para pasar por mi blog. Lo agradezco de todo corazón, porque ya sé cómo es el tuyo. Un abrazo. Ya, esta tarde te spío un poco. sos muy prolífica. Es bueno eso.
Un beso y uno a juli
Sonia

mercedes sáenz dijo...

Sonia esto es muy bueno, contado conun idioma de lujo, unos tiempos maravillos y unos silencios que dejan sin habla. Te felicito!!! Me encantó. Un abrazo.Merci