martes, 23 de octubre de 2007

AMNADLA ¡OH ! ¡LIBERTAD!

Juega con la cucharita revolviendo el café que se enfría. Lo hace como si fuera un lápiz que dibuja con mano suave trazos inexistentes, delicados, cristales transparentes, sueños invisibles. Todo en ella es sutileza.La ve de espaldas y se encanta con ese pelo largo sedoso negro, la cabeza inclinada hacia delante. Pasa a su lado y ve un rostro armónico, albercas profundas, rutilantes, muy oscuras. Se sienta en la mesa de enfrente y no puede apartar la vista de la muchacha de pelo negro. Acostumbrado a su estilo lúdico, su imaginación comienza su trabajo obsesivo, ella está enamorada, se le nota. Tiene la vista fija en ese pocillo insignificante. No se distrae. ¿ A ver sus pies? Parecen de bailarina. Seguro estudia en el Colón, no, en el Rojas. No tiene el estilo rígido de las bailarinas clásicas... es joven, él argumenta mientras no deja de observarla.La chica del pelo largo, que no es bailarina, no se ha dado cuenta que está siendo objeto de una retahíla de exámenes presuntivos. No sabe que hay quien quiere entrar en su historia. Esa historia en la que no desea y no permite penetrar. Ella revuelve ese café que no sabe por qué se está transformando en intomable, que se ha enfriado y además está amargo. Amargo... amargo fue Luis en el curso de Ética. Ya iban varias clases que la esquivaba. Justo a ella. ¿Ya olvidó tan pronto todo su apoyo? pero Luis demuestra que es así, consentido, recibe y no da. Es cuestión de dejarlo de lado.Ahora revolotean a su alrededor otras historias. Diego con su novia tan agresiva; Celeste y su pareja, que no encuentran dónde vivir, Esther distanciada de sus hijos. ¡Esta cabeza que no descansa! ¡ con todo lo que me sucede siempre tratando de resolver problemas ajenos. Además no puedo dejar de pensar en él. jamás le demostraría algo que le hiciera sospechar mis sentimientos. ¿ se notarán?.

Mientras él está al frente de la clase en medio de un absoluto silencio, todos saborean sus palabras. Moscas no vuelan. Flechas van hacia este personaje que me desvela. Pelo cortito, traje al descuido, manos aladas cortando el espacio y mi respiración. No fija la mirada casi nunca. Una vez me miró (piensa en un pestañeo) y mil campanas tañeron y rayos cortantes, relámpagos de colores y centellas me deslumbraron. Eso me produjo su vista fija en la mía en un solo instante.La muchacha de pelo negro vive absorta, pendiente de los movimientos de este hombre cautivante. Después de encontrarse con Celeste para darle la dirección de una compañera que asiente facilitarle una habitación, a los dos días tiene que dar un final con él. Y logra un 10 en Lógica. 10 logrado a fuerza de estudio, sacrificio y su afán de quedar bien ante el coloso. Con este final termina la carrera. Exactamente él le da el diploma y con él se saca la foto. No se da cuenta que la observa, mira su pelo, su vista va a sus pies, la contempla atentamente, se queda pensando y en ese instante lo llaman de Secretaría interrumpiéndolo.
Por supuesto Amandla entiende que ha terminado todo contacto pues es muy probable que siendo oriunda del interior del país, es casi seguro que busque trabajo, cursos o seminarios un poco más cerca de su familia... Justamente por su recibimiento le regalan el pasaje a San Pedro para pasar unos días en la granja de sus tíos. Prepara su mochila con lo sucinto (pocas mudas ya que se quedará poco tiempo) y Rayuela, para releerla.

En la estación, con su escueto bagaje y su soledad espera el micro. En cuanto se acomoda trata de leer y no puede. Su cabeza está en el momento aquél de la foto con él, se propone no olvidar de retirarla. No puede ni quiere pensar en otra cosa. ¡es tan agradable recordar que le puso la mano en el hombro!.
A su lado se sienta un hombre del cual ve una campera y un libro. Al segundo un hola, ¿ adónde vas? Al mirarlo cree ver visiones, es parecido a él. - ¡Hola! ¡Hola! - ¿cómo te llamás ?
¡Cuánto apuro por preguntar! pero ¡esa gran condescendencia suya! - mi nombre es Amandla y voy a San Pedro.
- ¿A San Pedro?
- Allí tienen una granja mis tíos. Y el hombre de la campera y el libro en un tris agrega, yo voy a encontrarme con mi hermano, un solo, ¿viste esos tipos solitarios que le andan huyendo a las mujeres? Además es profesor en la Universidad y vive rodeado de chicas. Con mi estilo yo no podría. Yo soy lo que se dice un mujeriego. Él está esperando a la princesa de los cuentos de hadas, a la mujer de su vida que venga a rescatarlo de su soledad, porque está convencido de que lo rescatará la mujer perfecta, que estudie, conozca de las obligaciones de la casa, pero sobre todo, ah, el romanticismo. Sin un libro de por medio, ni sueños, no concibe enamorarse.
Se acomoda para dormir. Ya que el inoportuno termina su charla, saca de la mochila, Rayuela.
En San Pedro, todo bien. Los tíos, sus dos primos. A la tercera mañana de dulces sueños, despierta como siempre pensando en la foto. La tía Beli la espera regularmente con el desayuno, bien gringo; pan casero, mermelada de naranjas de su cosecha y dulce de leche, e cosa habitual en ella, interesándose de todos los pormenores de sus estudios y la alegría de su recibimiento.

- Ami, están palmeando, ¿podés atender y hacer entrar al vecino? Es un profesor de Buenos Aires que quizás te distraiga un poco. Nosotros nos hicimos un algo chúcaros.

Amandla al intentar abrir la puerta tropieza y cae en los brazos del divino profesor de Psicología.

2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Sonia, grande de edad cómo soy, me encantan éstas historias!!!!! Muero de amor por ellas!!!!Es tan linda, tan bien escrita. La causalidad me la cierra como la puerta reparadora del frío. Me gustó más que un montón!!!!! Felicitaciones.!!! Un cariño grande, Merci

Sonia dijo...

oh oh oh!!! Ya estoy dispuesta a encontrarme con ustedes, monstruos.
Vos, signo de la entereza y la humildad y el GENIO, medio altanerito él.
Ojalá se me haga de verlos a los dos. Hasta ahora, sí