miércoles, 3 de octubre de 2007

ESPÍAS NOCTURNOS

En lo alto, arriba, se esfuma un ojo alargado
tiznado de negro humo
desplazado por dos orejas caídas
como de perro cansado, en desdibujada imagen.
Me pierdo en desfiladeros, laberintos intrincados,
cortados, líneas quebradas, estrechos retorcidos,
y en un río tan angosto como seco.
Mientras,
ni en sordina los ruidos dan reposo.

A una estatua, de cabellera ondulante,
piernas y brazos filamentosos,
que me observa quieta, pétrea,
la destruye una rama echándola al olvido
allí donde se desdibujan todos.
Quedé sin compañía, sin visitantes nocturnos.
Cuando echada boca arriba pugno
por abrir o cerrar los telones para ver o no,
huyen insolentes invasores de ese techo,
donde, por las noches,
espían.
Me dejan sola yacente,
esperando el otro día.
,

2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Cómo se trasluce en este poema la capacidad de cambiar de idioma con referencia a otros textos. La palabra lleva con mucha belleza por otros caminos. Excelente!! Merci

Sonia Cautiva dijo...

¡ G R A C I A S !