viernes, 26 de octubre de 2007

EL GORDO

En el trayecto, el tren, con su ruido acompasado, rompe el silencio que yo necesito tanto para poder penetrar en el recóndito lugar de mi furia y mi desvelo. Juego con las monedas del bolsillo de mi único saco,” el último de los mohicanos” e inmediatamente salgo de la locura y pienso si Juanfra me esperará en Retiro y cómo estará. Me lo prometió en la carta en que acordamos día y hora. Domingo 8, ¿no?. A las siete. Siete y media llega el tren. Qué poco falta.¿Me reconocerá Juanfra. Yo sí. Cómo no voy a acordarme del “gordo Juanfra” , el “gordo”, así se le ubicaba, como si fuera el único gordo en todo Goya.
Empezó a bajar el bolso del estante, se sacudió las miguitas del sandwiche que le habían quedado encima de la ropa y volvió a acomodarse
Falta media hora. Ya me fui...por fin salí...ya no aguantaba más. Me llevo lo que vi y sentí alrededor mío; lástima por todas partes. Cómo explicar mi relación con Delfina. Mi amor por Delfina.¿ Me habría amado? Delfina. Con sus ojos de terciopelo, Delfina cimbreante, junco mecido por el viento, Delfina amorosa, amante voraz buscando ganar siempre la partida...para qué recordar.... Delfina, su figura, su cuerpo desnudo al trasluz, única en incomparable desnudez.
Lo de Delfina, mi “delfín”, (¿alguna vez fue mi delfín?), su impiedad, su crueldad impronta, cayó sobre mí como ráfaga helada, como mazazo traidor. Ahí, en la tibieza del cuarto poblado de caricias y dulzuras : no va más, Ernie, no va más. Y me quedé parado, mirándola, desconociéndola, con sus manos de hada convertidas en garras, en la cintura, más linda que nunca, terrible, otra, fuerte como un huracán.- ¿Y yo?, le dije espantado, ¿y yo qué? - Y bueno, Ernie, te vas y chau. - ¿Te vas y chau? ¿ chau a mí?. Chau. ¿y mi amor? ¿Nuestro amor. Chau ?...del que sólo viví, por y para ella, corriendo tras ella, trabajando dos turnos para poder pagar las clases de teatro y canto porque quería ser estrella?Chau, te vas, a mí. Mejor no pienso más. Basta. Ojalá el gordo esté en Retiro.
Ya no tengo ganas de ver al gordo en Retiro, porque sé que inmediatamente voy a hablar de ella y cuando deje al gordo y esté con algún otro, también voy a hablar de ella. ¿Cómo hago?
¿Cuál es la forma de desaparecer de este maldito infierno en el que no veo más que a Delfina, sus ojos, sus manos y escucho su voz seca, fuerte, determinando...chau te vas ?
Voy a su encuentro igual. Y el encuentro con el gordo me cambia la vida. No me dio tiempo a nada. No estaba solo, venía con una chica joven, lindita, baja, menuda, que se colgó de mi cuello diciéndome ¿así que vos sos el gran Ernie? El gordo me tiene harta con vos. La miré, la medí y pensé si sabría toda mi historia. Otra que se va a compadecer de mí. No le voy a dar lugar.
Así, con el cansancio y la cara que traía, Juanfra empezó... ¿tenés hambre? Tampoco me dio tiempo a contestarle y ya estábamos sentados en un restorán de Corrientes, en el Bajo. No dejó de hablar.

Sé que estudiaba abogacía cuando se fue de Goya, mientras yo empezaba arquitectura en Corrientes.
Me recibí, ya lo sabés. Tengo un estudio acá cerca, en Lavalle y Uruguay. Esta piba, está conmigo en el estudio, es una luz. Se notaba la ligereza de Leli.
Comimos. El gordo se comió todo, mientras la chica y yo lo mirábamos comer y hablar. Al salir del restorán me tiró un : pará, Ernie, ya tengo todo arreglado. Alberto quiere que compartas el departamento con él, está a dos cuadras de acá y aparte te quiere con él pa
ra trabajar.
Este gordo, me dije, es el monumento a la solidaridad..
Alberto es buen tipo. No es gordo como “el gordo “, pero sí fenomenal tal cual él. Estoy trabajando en su compañía, con él. Hago bocetos y proyectos con Nelson, el socio y parece que le gusta mi forma de trabajar. Lucía, la secretaria, como todas las secretarias, nos saca las papas del fuego y como Alberto está poco, la sociedad funciona con nosotros tres.
Del “gordo” sé poco, nos ponemos al tanto por teléfono en lo que va de este año y medio que arranqué en Buenos Aires. De cualquier forma, los días se me hacen fáciles, con tanto trabajo, pero las noches, ah, las noches no descansan con mis elucubraciones.
El “gordo”, nena, es el artífice de mi felicidad. Se convirtió, desde su aparente lejanía, en mi “pater noster “. Te trajo a mí y soy el hombre más feliz del mundo.
Desde la ventana de Sarmiento y Carlos Pellegrini, te veo jugar con la nena y eso es lo más maravilloso de ésta, mi vida, que alguna vez fue un infierno y hoy es un paraíso. Lo demás, está todo en la unidad sellada de mis recuerdos, en el olvido total.
Esta noche cenaremos, como casi siempre en el restorán. Aquél en que cené por primera vez con el “gordo”, “gordo divino, hacedor de milagros. Seguro que estarás tan linda como siempre.
Ya te dije una vez, Delfina, que el gordo me había cambiado la vida.

2 comentarios:

Mercedes Sáenz dijo...

Querida Sonia: Este relato tiene cosas impresionantes. Cómo se alarga con insistencias y una pregunta detrás de la otra cuándo su vida es un infierno. Cómo detalla a la ligera la parte que en empieza a irle mejor. Cómo colocas el final en un sólo renglón de manera contundente. Me encantó querida Sonia!.Me encantó cómo está escrito!!! Un cariño enorme, Merci

Sonia Cautiva dijo...

¡AY LECTORA MÍA!
¿QUÉ HARÍA YO SI AL ABRIR MI BLOG UN DÍA ME ENCUENTRO QUE MERCI NO HA DEJADO SUS LETRAS HECHAS PALOMAS EN UN SIN FIN DE POESÍA?